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Benazolve

         Entre viñas, pequeños huertos y campos de cereal se dibuja un corto vallecillo a poco más de tres leguas de la capital leonesa. Ahí, medio escondido, se alza un pueblecito de nombre extraño, pero con un significado que se retrae en el tiempo durante siglos.

Siguiendo una tradición cuyo origen se pierde en la memoria de los más longevos, también las gentes del Benazolve, como en otros muchas villas y aldeas, se subían a la torre de la iglesia y, por turnos, hacían repicar las campanas con una melodía inconfundible. Aquella melodía era entonada por las gentes del lugar en los siguientes términos:

 

Tente nube, tente tú

que más puede Dios que tú…

 

La sabiduría popular dice que no hay mejor fama para ahuyentar o asustar al Rebuñero (figura que domina las tormentas o nublados que dañan las cosechas a golpe de granizo) que el repique de campanas, una creencia ya extendida desde el siglo XIII y conservada en amplio territorio de Castilla y León. Tradicionalmente, el sonido de las campanas era acompañado de breves canciones repetidas al ritmo de los bronces. La superstición también recurría a Santa Bárbara, y otros objetos benditos relacionados con el culto, como cirios y velas, que eran encendidos en momentos de tormenta. Otro recurso era lanzar cohetes a modo de cañonazos contra las nubes para intentar evitar los daños  que pudieran causar sobre los cultivos.

Nos encontramos en Benazolve. Cuenta la leyenda que un médico de Coyanza (actual Valencia de don Juan) tenía dos hijos Ben-azolve y Ben-amariel, y a la hora de de repartir su patrimonio a uno le dejó la finca más próxima a León (Benazolve) y al otro la más próxima a Coyanza (Benamariel). De todos modos y al margen de leyendas, lo que sí parece estar claro es que el origen de Benazolve es árabe y, de hecho, según el P. Luis López Santos, que fue Catedrático de Literatura del Instituto “Padre Isla “ de León, el nombre del pueblo viene de Bani Zolves, palabra que significa ‘duro de corazón’ (“Toponimia de la diócesis de León”, Revista de Archivos Leoneses, León, 1947).

Con referencia a su antigüedad, según una inscripción radicada en un documento de los archivos de la Catedral de León, en el año 955 se realiza una compraventa de tierras, y en este documento, escrito en latín, aparece al final un tal Godesteo de villa uanizolve. En definitiva, es una suerte que se haya conservado este documento hasta nuestros días, ya que por el mismo podemos situar el origen de Benazolve, al menos , en el siglo X o, lo que es lo mimo, un lugar poblado con más de 1000 años de historia.

Según otros documentos y legajos de la misma época pertenecientes a los archivos eclesiásticos, el abad de Balderedo, responsable del desparecido Monasterio de Santiago y Santa María, personaje destacado por aquel tiempo, a la vista de estos documentos, la localidad próxima de Valdevimbre sería la primera zona de la provincia de León en que los viñedos se cultivaban de forma concreta para la obtención de exquisitos caldos bajo la supervisión del mencionado abad. Varios documentos atestiguan la influencia de dicho monje en la zona de Valdevimbre y localidades cercanas, y se asegura que la viticultura de la zona fue propiciada por la actitud tenaz del abad de Balderedo. La venta en favor de don Diego, a la sazón entonces obispo de León, de los viñedos situados en los pagos de Cureses (desparecido), Farballes (semidesaparecido), Benazolve y el monte que se extiende hasta el valle de Fontecha, por parte de doña Urraca, hija de AlfonsoVI, también figura entre estos escritos, poniendo de relieve la creciente importancia que cobró esta región gracias a su actividad vinícola.

En Bnazolve aparece blasonada una casa construida  a base de tapial y ladrillo que ha pasado por una  profunda reconstrucción. Del primitivo edifico, con claros y visibles trazos de austeridad que rayan con la pobreza en su construcción, queda tan solo  el empedrado en el piso del zaguán y una pila de granito al lado del pozo con embocadura también de granizo. Sus actuales prpietarios son José Luis Gavilanes Laso y Sara Pérez Bartolomé.

En el frontispicio se conserva una labra heráldica. Es difícil asegurar si esta labra con el escudo de armas se colocó en el lugar que ocupa en la actualidad o bien se hizo posteriormente, añadiendo el escudo a la construcción.

El escudo de armas está realizado en un único bloque pétreo, de medias dimensiones. Su ejecución es de carácter simplista, si bien en el bloque aparece campo, timbre y lambrequines, estos últimos sólo esgrafiados, con lo que se desprende una clara falta de motivos ornamentales profusos.

El campo es el clásico español, de forma cuadrada, con la zona de la punta redondeada, acaudado. La colocación de las figuras se realiza a través de una partición terciada en barra.

En el primer cuartel se talla una estrella de ocho puntas.

El segundo cuartel tiene dos barras traversas.

El tercer cuartel tiene un a flor de lis.

El timbre timbra el campo y yelmo de hidalgo, completamente diestrado, es decir sin jurisdicción, su visera permanece cerrada por rejilla y carece de perno, del crestón salen cinco plumas.

En los lambrequines, su simplicidad resulta graciosa. Se intenta realizar una cartela con filacterías retorcidas, de la que solo se deja ver las vueltas diestra y siniestra, acompañadas de telas retorcidas. El conjunto resulta atractivo por la simplicidad con que el cantero resuelve la talla del mismo, que deja matizada la austeridad y maestría del titular del escudo de armas y del cantero.

En esta misma localidad de Benazolve había otro escudo de armas del que se tiene noticias que se halla actualmente en el pueblo próximo de Valdevimbre. Este último se diferencia del anterior por llevar una bordadura con inscripción en letra uncial en que se puede leer: ALVAREZ GONZALEZ DE BENAZOLVE.

La familia de los “ALVAREZ GONZALEZ” presentaron pleitos de hidalguía en la Real Chancillería de Valladiolid. Fulgencio Alonso González, nacido en Benazolve el 16 de enero de 1764, casado con Ceferina Gutiérrez López en Villabañe el 6 de noviembre de 1785, tienen dos hijos, José y Tadeo. Fulgencio fu hijo de Lupercio Alonso González y de Isidora González Alvarez y nieto de José Alonso Mateos y Gregoria González Arena. Dionisio Alonso González nació en Benazolve el 18 de octubre de 1795, casado con Paula Lorenzana Jabares en Villalobar el 1 de marzo de 1813 y vecinos de de esta localidad. Los padres de Dionisio fueron: José Tomás Alonso Benavides, nacido en Benazolve el 12 de marzo de 1754 y Gregoria González Alvarez, casados en Benazolve el 10 de enero de 1795; los abuelos paternos son José Alonso Alonso (viudo en primeras nupcias de Teresa Isla) y casado en segundas nupcias con María Benavides Benéitez en Villalobar el 29 de junio de 1750 ( Son todos estos datos biográficos recogidos del libro de Pio Cimadevilla Sánchez, Repertorio Heráldico Leonés, tomo I, Instituto Leonés de Cultura, León, 1996).

 

Benazolve se sitúa a 781 m. de altitud entre la carretera N-630 y la autovía de la Plata perteneciendo al Ayuntamiento de Ardón, partido judicial de Valencia de don Juan.  Cuenta con Iglesia Parroquial del siglo  XVI dedicada a Santa Marta, cuevas o bodegas de los siglos XVIII y XIX, fuente y palomares del siglo XIX, ermita del bendito Cristo del Amparo (la actual es de nueva planta de 1988). Cuenta también con una casa blasonada que merece un capítulo aparte.

Benazolve tiene dos fiestas particulares. La más importante es la de verano en honor de Santa Marta, que se celebra el último fin de semana de julio. En estos últimos tiempos se disfruta de cuatro verbenas con orquesta y macro disco móvil, tiradas al plato y a la codorniz, carrozas, cabezudos y sobre todo, una merienda que consiste en un reparto de pan, vino, queso y escabeche con su correspondiente plato y jarra de cerámica. La otra fiesta es en la primavera y en honor de Santo Tirso, que ha pasado a ser una fiesta de “misa y mesa”, esto es, de tipo familiar, y viene siendo tradición celebrar campeonatos de mus en los locales de la Asociación Cultural “El Peñón”, entre otras actividades.

Cuenta también con aproximadamente cien cuevas o bodegas construidas bajo tierra en la ladera izquierda del valle por el que trascurre el Arroyo de Prado, afluente del río Esla.

En Benazolve se cultivan aproximadamente 80 hectáreas de viñedo, 60 de las cuales son de nueva plantación. La mayor parte de ellas tienen una formación en espaldera, algunas tipo california incluso varias de ellas con goteo, que dan caldos muy valorados de Prieto Picudo, y vinos dulces como el Tostadillo.

Allá por la década de los 90 del pasado siglo, la fisonomía del territorio benazolvense pudo haber cambiado drásticamente si hubiera prosperado el proyecto de construcción de una urbanización de chalets al lado de un campo de golf. El proyecto partió de un acaudalado libanés casado con leonesa, llamado José Yunes. Reunió a todo el pueblo y compró a buen precio aproximadamente un total de 140 hectáreas. Por diversos motivos todo quedó en agua de borrajas. Ningún edifico se construyó y el campo de golf acabó instalándose en la localidad próxima de San Miguel del Camino.

Otro hecho a destacar ha sido la desaparición en terrenos próximos al pueblo de un conjunto señorial perteneciente a la familia de los Islas. Casa, bodega, capilla y estanque con peces de colores han desparecido prácticamente como consecuencia de un incendio, de lo cual quedan sólo algunos restos pertenecientes a la capilla y a la bodega.

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